sexta-feira, 26 de fevereiro de 2016

Yo me pregunto


Hoy es viernes y contemplando a Cristo en la Cruz, reflexionando sobre los días previos, yo me pregunto qué habría hecho. ¿Negar? ¿Silencio cómplice? ¿Huir? ¿Mirar impotente? ¿Alzar la voz? ¿Defender hiriendo a Malco y dejar que Jesús obre el milagro? ¿Simplemente llorar y esperar?
No lo sé, no estuve allí. Estoy aquí y ahora. Mi momento es el actual y mi lugar allí donde vivo, un lugar inmenso al habitar también las redes sociales. Éste es el momento de la historia del hombre en el que el Señor quiso que yo estuviera. Esa es la realidad, la actuación, la opción, son sólo mías; el libre albedrío para señorear de manera absoluta nuestras decisiones.
La realidad histórica de mi país, de mi ciudad, es muy similar a circunstancias ya vividas por generaciones anteriores. La diferencia, que no es poca, es que la tecnología, internet, las redes sociales, nos acercan las injusticias, las humillaciones, el arrinconamiento, unas veces abierto y otras sutil, de lo cristiano, de los cristianos. La historia parece ser cíclica, como para dejar patente el empecinamiento del hombre en sus propios errores; el maligno montado en una noria. Sin embargo, en esos ciclos repetitivos de la historia yo prefiero ver oportunidades, precisamente para que la humanidad como tal, y el pueblo de Dios en concreto, enmende actitudes, corrija errores, desate estructuras, elimine injusticias, afiance conceptos, y pueda avanzar en la construcción del Reino.
Yo no soy de callar. El silencio me parece cómplice. Creo que son momentos de visibilidad. Hacerse visible con normalidad y con la alegría que debe desprender nuestra fe. Callar es no defender a los débiles, a los agraviados. Callar es no corregir al que yerra. Callar es claudicar ante la injusticia.
Visibilidad en nuestra vida diaria, con nuestra propia vida y con la palabra. Visibilidad optimista, alegre, confiada, acogedora, armoniosa, pacífica y contundente.
Hoy, viernes de Cuaresma, orando a los pies de la Cruz, yo me pregunto qué hago. Y, a los pies de la Cruz, elijo no callar, pero tampoco herir a Malco. Soy más de Jeremy Irons en La Misión, Custodia en mano, que de empuñar las armas. Pero callar, jamás.

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